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El grito, la obra que
reproducimos en nuestra portada, parece ser objeto de una maldición.
Hace ahora un año, dos encapuchados irrumpieron en la sala del Museo
Munch de Oslo y, a punta de pistola, obligaron a los visitantes a
echarse al suelo. Acto seguido, descolgaron el cuadro y
desaparecieron en un coche que les esperaba a la puerta. Desde
entonces, no ha habido, que se sepa, ninguna noticia sobre esta
obra.
Pero ésta es sólo la
última de las peripecias que jalonan la historia de El grito, una de
las pinturas más famosas del pasado siglo. Durante la Segunda Guerra
Mundial, por ejemplo, los nazis la requisaron por considerarla una
obra “degenerada”. Unos años después, fue subastada en Suiza y
comprada por el Estado noruego. Más tarde fue acuchillada por un
loco, con el pretexto de que el ruido que emitía le había
trastornado. Las desgracias no terminaron ahí: en 1994, un recluso
la robó durante una visita cultural al museo, siendo recuperada
meses más tarde, tras una rocambolesca historia.
Edvard Munch, el autor de
El grito, es el protagonista de nuestro número de septiembre. La
Royal Academy de Londres ha reunido una espléndida exposición con
sus mejores autorretratos, muchos de ellos prácticamente
desconocidos. Munch, como es sabido, se autorretrató casi
obsesivamente, en un intento constante de plasmar sus propios
estados de ánimo: ternura, soledad, angustia, muerte, tan presentes
en toda su obra. Una película recién estrenada sobre este artista
noruego le sitúa en el primer plano de la actualidad en el arranque
de este otoño.
Javier Arnaldo
presenta en este número los detalles de la muestra. En un segundo
artículo, Beatrice Sartori informa de la película que sobre
Edvard Munch se acaba de estrenar en Estados Unidos, con tremendo
éxito y Arturo Arnalte y Óscar Medel reconstruyen las
peripecias sufridas por “El grito” a lo largo de su historia.
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