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El rey de los relojeros
La historia de los
relojes, tal y como hoy los conocemos, no empieza hasta el siglo
XVIII, cuando, a raíz del invento del péndulo aplicado al reloj de
sala en 1656 y del conjunto espiral-volante a los portátiles en 1674
por parte del físico holandés Christian Huygens, se consigue que los
relojes tengan una gran fiabilidad de marcha de la que antes
carecían, y no necesiten de los cuidados constantes de un relojero,
lo que permitió el acceso a los mismos de mucha más gente.
Por ello, aunque se conoce
el nombre de muchos relojeros españoles de siglos anteriores, e
incluso alguna de sus obras como el reloj que el rey Felipe IV
regaló a su famosa consejera espiritual, la monja sor María de
Ágreda, puede decirse que la historia de la relojería española
comienza en el siglo XVIII y lo hace a lo grande con la figura del
alcarreño Manuel Gutiérrez, autor de una de las obras maestras de la
relojería de todos los tiempos. Gutiérrez, autor del reloj de la
Catedral de Toledo, logró su reconocimiento en el reinado de Carlos
IV tras haber sido apoyado, como ya le ocurriera a Goya, por el
infante don Luis de Borbón. Juan Ignacio Samperio Iturralde
rescata su historia en este número.
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