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La
espectacular torre que Santiago Calatrava acaba de inaugurar en el
waterfront de Malmo, el Turning Torso, define bastante bien, mejor
acaso que cualquiera de sus puentes, su manera de entender la
arquitectura como una tarea de producción de formas habitables o
practicables dependiente de la ingeniería, pero emparentada con el
arte de la escultura. De hecho, y como su propio nombre indica, el
edificio de que hablamos se nos ofrece como un torso que gira sobre
sí mismo al modo de una columna salomónica compuesta de una sucesión
vertical de módulos o cubos irregulares.
Ahora bien, si la idea de
construir un edificio en forma de columna no es nueva (Loos), y la
de hacerlo en forma de objeto indefinible es algo vieja (Gehry), la
de concebirlo como un torso en movimiento, metonimia de una figura
humana (y no sólo como una función de aquélla, al estilo de Le
Corbusier), sí constituye una novedad sobre la que ponerse a
reflexionar.
Ahora podemos hacerlo al
hilo de la exposición que el Metropolitan Museum de Nueva York le
dedica a partir de octubre. En esta muestra, cuyo precedente más
próximo sería la celebrada en el IVAM en 2001, se incluye obra
escultórica en mármol y bronce, acompañada de una selección de
dibujos y un conjunto de maquetas o modelos arquitectónicos. Se
entiende que el propósito del evento es presentar al arquitecto no
sólo como tal, sino también como artista plástico, poniendo en
evidencia las relaciones existentes entre sus edificaciones, sus
esculturas y sus dibujos.
Vicente Jarque
explica en este número los detalles de retrospectiva, las
particularidades de la arquitectura de Calatrava y su menos conocido
trabajo como escultor.
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