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Más
de mil obras de cincuenta artistas y en particular la colección
completa del Centro Pompidou, una de las más ricas del mundo junto
con la del MOMA que, para redondear el acontecimiento, presta cien
piezas que integran la primera exposición Dadà en Francia de los
últimos treinta y nueve años y que “demuestra el compromiso del
Centro Pompidou con las grandes exposiciones de carácter histórico e
interdisciplinario”. Y “propone –según su comisario, Laurent Le Bon,
conservador del museo nacional de arte moderno con sede en el Centro
parisiense– una relectura del gran movimiento internacionalista de
la primera mitad del siglo XX”.
Dadà no es el balbuceo de
un bebé. Pero más o menos: tabla rasa de los valores reconocidos;
rango de obra de arte para el producto industrial, interés por las
perfomances, la poesía sonora, el collage... Como si un gran
movimiento artístico, hoy, olvidara las artes plásticas, el cine, la
fotografía tradicional, la literatura de librería, para mostrar
internet, imagen digital, textos de móvil, play-games, libro
electrónico.
Entre 1910 y 1920, una
revolución equivalente a la que hoy sacude el mundo lanzó prensa
ilustrada, foto y cine como fenómenos comerciales, radio,
publicidad, cadena de montaje... Dadà se apodera de los nuevos
medios y los somete a una crítica feroz; referencias continuas a la
vida moderna puntuadas por la interrogante sobre la propia
modernidad. ¿Se puede pedir tema más actual?
Óscar Caballero
presenta en este número todos los detalles de la muestra y recuerda
la trascendencia de un movimiento irrepetible que cambió para
siempre la historia del arte.
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