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Caravaggio, pionero, disidente y libre

La muestra Caravaggio y la pintura realista europea que el MNAC inaugura en estos días, se propone rastrear, a través de una importante selección de obras del genio italiano y de otros grandes artistas europeos contemporáneos, la influencia de la llamada revolución caravaggista.

 

Caravaggio, pionero, disidente y libreCuando Nicolás Poussin, el pintor francés afincado en la Roma del siglo XVII y paradigma del espíritu clasicista del Barroco galo, afirmaba que Caravaggio era un hombre que “poseía por entero el arte de pintar”, y al mismo tiempo decía que “había venido al mundo para destruir la pintura”, resumía de un plumazo toda la complejidad del pintor lombardo. Michelangelo Merisi de Caravaggio (1571-1610) toma su nombre artístico de la pequeña ciudad de Caravaggio, cercana a Bérgamo y Milán, y en su corta, intensa y oscura vida, llevado por su deseo de plasmar una visión propia, que él estimaba más cercana a la verdad, llegó a romper con gran parte de los convencionalismos que regían la pintura, y que precisamente en esta época estaban siendo teorizados y normativizados en una abundantísima producción de tratados artísticos. Por este motivo ya en su época, que coincide con el paso del Manierismo al Barroco, en torno al eje de 1600, fue acusado de no respetar ni la tradición ni la belleza. Una acusación que, con los años, vendría a constituir la marca distintiva de todo artista moderno.

Esta idea de Caravaggio como pionero de la actitud del artista moderno, disidente y libre, ha ocupado una parte conceptualmente importante de la recuperación crítica de su figura, que no en vano se inicia con el Romanticismo para afianzarse sobre todo en el siglo XX, una época que consagra la épica rupturista de las vanguardias. Pero esta óptica, aunque muy atractiva, puede resultar a la postre empobrecedora, pues en su afán de alumbrar uno de los aspectos –aunque de innegable trascendencia– de la posición de Caravaggio, deja en la sombra muchos otros igualmente indispensables. Porque, además de su propia reflexión sobre lo artístico y sus dotes para llevar a cabo su original visión, hay que recordar que una parte importante de la personalidad artística de Caravaggio tiene que ver también con las circunstancias culturales, políticas o religiosas de su tiempo, aún marcadas por las ideas surgidas del Concilio de Trento (1542-1562).

María Dolores Jiménez-Blanco analiza en este número el contenido de la exposición, que propone un recorrido por una de las tendencias más vigorosas de la pintura barrroca, el naturalismo tenebrista, y descubre las claves pictóricas del artista italiano.







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