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El heterogéneo pero
armónico conjunto que forman los más de 700 edificios protegidos
existentes en el centro histórico de Salamanca fue razón más que
suficiente para que, en 1988, se le concediese el título de Ciudad
Patrimonio de la Humanidad. El camino no fue nada fácil porque esta
antigua urbe universitaria, como tantas otras de nuestras ciudades,
había sobrevivido a largas épocas de dejadez e incuria, de expolios
y urbanismos descontrolados que amenazaron con destruir un
incomparable legado de siglos.
Hoy, afortunadamente, esta
herencia es ya intocable, está a salvo de peligrosas especulaciones
y Salamanca puede presumir, con razón, de ser una de las más bellas
ciudades de Europa. Pasear por sus calles permite realizar un viaje
en el tiempo donde la mezcla de estilos arquitectónicos (del
románico al gótico, del barroco al más reciente) se unifican por la
textura de esa piedra especial con la que está construida y que le
otorga un inconfundible color dorado. Cuando la UNESCO declaró al
centro histórico de la ciudad de Salamanca Patrimonio de la
Humanidad lo hizo en virtud tanto de la cantidad de monumentos
arqueológicos e históricos cuanto de la densidad con que se acumulan
en el casco antiguo de la ciudad, componiendo de esta manera un
conjunto de fuerte carácter y enormemente evocador del pasado.
Salamanca se transmuta así
en el escenario del paso de formas y estilos artísticos que conviven
entre sí como en un viejo palimsesto; tal es la rapidez con que, en
un centenar de metros cuadrados, se suceden visiones arquitectónicas
y urbanísticas sorprendentes, delatadoras de retos y gustos
estéticos de siglos pretéritos. No es de extrañar que el visitante
se sienta enamorado de una ciudad que resulta una suerte de
compendio y antología del arte y de la arquitectura españoles.
Coincidiendo con la Cumbre
de Países Iberoamericanos que en este mes allí se celebra,
Descubrir el Arte traza este mes de octubre un recorrido por el
arte y la historia de esta ciudad llena de sabiduría y belleza.
Alfonso Rodríguez G. de
Ceballos presenta el legado
monumental de la ciudad, Luis Zolle escribe sobre “el gran
escenario” que es su Plaza Mayor, Alberto Rojas entrevista a
Fernando Bueno, uno de los artífices de la última revolución
arquitectónica de la ciudad, Antonio Lucas dialoga con
Javier Panera, director de Domus Artium 2002, y Gustavo
Martín Garzo, Luisa Castro Félix Romeo y Lola Beccaria
escriben para la ocasión sendos cuentos inspirados en Salamanca.
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