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Languidez veneciana
La noticia conmocionaba el mundo del
arte a finales de abril. François Pinault, propietario del
holding francés Pinault-Printemps Redoute (PPR), se hacía con
el control del Palazzo Grassi de Venecia. El dueño de Christie’s,
Gucci y la Fnac compraba a la mítica familia Agnelli la joya
de la arquitectura veneciana por excelencia y acababa de un
plumazo con semanas de rumores sobre el destino del edificio,
amenazado por la crisis económica que atravesaba el imperio
automovilístico italiano. Los Agnelli negaron durante meses su
intención de vender, pero la crisis de Fiat exigía un
sacrificio contundente, ejemplar, y la gestión del palacio
veneciano, modélica en los aspectos culturales y expositivos
–como ha mostrado la retrospectiva organizada sobre Dalí–, no
conseguía sacudirse la sombra de los números rojos. Símbolo de
la decadencia de Venecia en el siglo XVIII y emblema de la
ciudad (erigido en 1772 sobre el escenario milagroso del Gran
Canal), la compra del edificio por Pinault inauguraba una
nueva etapa en su agitada trayectoria. Por Ruben Amón y
Óscar Caballero.
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