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Superviviente
de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, no sin sufrir más
que considerables daños que hicieron pensar en su demolición, la
colección de la Alte Pinakothek es quizá de las menos conocidas,
aunque en su concepción como Colección Real se encuentre a la altura
del Prado o el Louvre. Galería calificada de Pintura Antigua, en
ella el visitante podrá encontrar cerca de un millar de obras
expuestas, desde el Arte medieval hasta comienzos del siglo XIX,
destacando las de las escuelas alemana, holandesa y flamenca, sin
olvidar a la española, muy relevante por la calidad de lo exhibido.
La primera piedra del edificio se colocó el día
en el que se conmemoraba el nacimiento de Rafael, el 7 de abril de
1826. Construido, según el proyecto de Leo von Klenze, a la manera
de un palacio veneciano por encargo de Luis I de Baviera –que veía
cómo su colección iba en aumento y la Kammergalerie dentro de su
residencia se quedaba pequeña–, se terminó en un tiempo récord de
diez años y en su época llegó a ser la más grande galería de pintura
de Europa. La Segunda Guerra Mundial ocasionó grandes desperfectos,
que fueron restaurados durante los años cincuenta, cerrándose de
nuevo en 1994 para una renovación de los espacios y de las obras,
pasando algunas de ellas a la Neue Pinakothek (dedicada al arte de
los siglos XIX y XX).
Helena Pérez Gallardo explica en este
número cómo Maximiliano I, abuelo de Carlos V, inició la vocación
coleccionista en la familia Habsburgo, adquiriendo una buena
cantidad de obras de Rubens, van Dyck y Jakob Jordaens; recorre las
salas de centro y presenta sus piezas más destacadas.
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