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La chaise longue es bien conocida; con los
tubos de acero y la piel de potro que la retentiva asocia quizá con
la parafernalia psicoanalítica. La fotografía también dice algo; la
chica con el pelo corto a lo bob, falda corta y piernas altas como
en un spot de los años treinta. Pero, ¿y ella? ¿Quién es la chica
sentada sobre la chaise longue de Le Corbusier? Charlotte Perriand a
sus 25 años, posando sobre la obra, tradicionalmente atribuida en
solitario al arquitecto suizo, y que ella misma había desarrollado
por encargo cuando trabajaba en su estudio. No por formar parte de
un equipo de renombre, Charlotte Perriand (París, 1903-1999) lo tuvo
fácil. Quizá todo lo contrario.
Desencantada con el modo
de hacer que había estudiado en la École de l’Union Centrale des
Arts Décoratifs y entusiasmada por la lectura de las teorías de Le
Corbusier, se le ocurrió llamar a la puerta de su estudio y se
encontró con un abrupto: “Aquí no bordamos cojines”, como respuesta.
Poco tiempo después, Le Corbusier visitó el proyecto de Perriand Bar
sous le Toit, en el Salon d’Automne, que materializaba a la
perfección algunas de sus ideas y la invitó a formar parte de su
despacho como encargada de mobiliario e interiores.
Una exposición en el
Centro Pompidou de París estudia la obra de esta diseñadora y
arquitecta francesa, maltratada por la historia, que firma algunas
de las piezas de mobiliario más emblemáticas del siglo XX. Leila
Crewn anuncia los detalles de la muestra.
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