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Las
ciudades holandesas de Leiden y Amsterdam se alzan con muy
especiales merecimientos entre las muchas que en todo el mundo
concurren con muestras especiales en este año que celebra el 400
aniversario de Rembrandt van Rijn.
Son los únicos escenarios
vitales del genio y conservan entre ambas la totalidad de los
espacios físicos donde desarrolló su compleja, rica y torturada
existencia este artista que, valorado y celebrado en su época como
el mejor de entre sus iguales, se vio arrojado a las oscuridades de
la indigencia y a indeseadas relaciones con la justicia. Al
contrario que muchos otros artistas de éxito, que vivieron en
diferentes lugares y fueron aficionados a los prolongados viajes, él
vivió una existencia estática, jalonada solamente por los más
imprescindibles traslados.
El visitante actual de
Leiden, su ciudad natal, se encuentra con una pequeña población que
conserva un trazado, construcciones y estética que un Rembrandt
redivivo podría reconocer a la perfección. A pesar de contar con el
fundamental elemento dinamizador de la más importante universidad de
Holanda, un calmo recorrido por Leiden constituye un verdadero
disfrute para el amante de esos escasos lugares donde el tiempo
parece haber decidido detenerse y que para su bien no se han
convertido todavía en parques temáticos de algo.
José María Solé
y Carlos García recorren en este número los rincones de una
ciudad que vive más intensamente que nunca el ambiente que conoció
el afamado pintor y visitan, además, las estancias de la mansión
patricia en la que vivió Rembrandt en Amsterdam, desde la recepción
al estudio donde realizó algunas de sus más representativas obras,
pasando por la sala de estar, el dormitorio, la cocina y los
espacios destinados al trabajo de los aprendices.
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