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Tesoros para la eternidad

Durante milenios, las más exquisitas obras de arte no se elaboraban para ser exhibidas y trasmitidas a las futuras generaciones, sino para acompañar a los reyes y garantizar su estatus en el más allá , en su interminable deambular por la eternidad. El Museo Arqueológico de Alicante muestra ahora el contenido de las Tumbas de Sipán, una de las más importantes culturas peruanas. En paralelo, ofrecemos un recorrido por los tesoros enterrados por los mayas en Pakal, el oro que se llevó a la tumba Filipo de Macedonia, las joyas de Tut-Anj-Amon y el ejército imperial de terracota de los Qin

 

Tesoros para la eternidad

Desde hace unos días, el Museo Arqueológico de Alicante acoge una exposición realmente excepcional: los tesoros de la tumba del Señor de Sipán, un rey mochica del actual Perú que gobernó hace mil setecientos años, y cuyo enterramiento, afortunadamente intacto, fue descubierto en 1987 por un grupo de arqueólogos peruanos. Es la primera vez que las mejores piezas de este sensacional hallazgo viajan a Europa.

Es bien sabido que Perú es cuna de importantes culturas prehispánicas, muchas de las cuales se asentaron en la zona costera, donde prácticamente no llueve jamás. Eso ha permitido que sus enterramientos se hayan conservado generalmente en buen estado. Por esta misma razón, sin embargo, desde hace muchos años, proliferan los buscadores de tumbas. En Perú, en efecto, saquear tumbas en busca de cerámicas y tesoros arqueológicos no sólo es una forma de vida, es toda una profesión y tiene un nombre: “huaquero”, buscador de “huacos” (cerámicas).

A Walter Alva, el arqueólogo que dirigió las excavaciones y el hallazgo de la tumba del Señor de Sipán, le hemos pedido que reconstruya para todos nuestros lectores la historia de su descubrimiento y de todos los trabajos de investigación llevados a cabo posteriormente. Gracias a este fabuloso hallazgo, Perú ha podido recuperar parte de su memoria histórica y reconstruir uno de los capítulos más importantes de la cultura mochica. Hoy, en Lambeyeque, muy cerca de donde se halló esta tumba, se alza no sólo el nuevo Museo “Tumbas Reales de Sipán”, sino también una aldea artesanal mochica y unos talleres de cerámicas y textiles. Un discreto servicio de seguridad, además, ha conseguido que la zona se libre de “huaqueros”.

Pero, además de este enterramiento mochica, en este número recordamos otros cuatro grandes descubrimientos de tumbas reales que nos han permitido conocer el concepto de la vida y de la muerte en otras grandes culturas del pasado: Xian y sus guerreros de terracota, por Carmen García-Ormaechea; la tumba maya de Pakal en México, por María Josefa Iglesias; Tut-anj-Amon en Egipto, por F. José Martín Valentín; y la tumba de Filipo de Macedonia, por José Jacobo Storch de Gracia. La recuperación de estas cuatro grandes tumbas con todos sus tesoros ha servido a arqueólogos e historiadores no sólo para conocer mucho mejor sus manifestaciones artísticas, joyas, coronas, etcétera, sino, sobre todo, para entender que para estos pueblos la parafernalia con la que eran enterrados sus reyes se basaba en la creencia de que la muerte era una continuación de la vida, donde los reyes seguirían ejerciendo sus mismos roles y funciones.
 





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