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Más
de 12.000 obras, segundo museo de arte asiático de Francia y quinta
colección europea de arte chino. Son datos de peso. Y, sin embargo,
la reapertura del Museo Cernuschi, de París, después de tres años de
obras, que consumieron más de siete millones de euros, pasó un poco
inadvertida. También es verdad que París no para. Entre diciembre de
2005 y septiembre de 2006 habrá inaugurado y/o renovado el Grand
Palais y Petit Palais (cien mil visitantes en dos meses), el Musée
d’Art Moderne de París, el de l’Orangerie –en mayo–, el Quai Branly,
caro al presidente Chirac y obra de Jean Nouvel en junio, el de Arts
Décoratifs en septiembre, junto con la Cité de l’Architecture... Sin
olvidar los 30.000 metros cuadrados del primer museo de arte moderno
de las afueras de París, en Ivry.
Todo esto en medio de un torbellino de
exposiciones, de Dadà a Los Ángeles en el Pompidou; del Picasso de
Dora Maar al grabador; del dúo Cézanne/ Pissarro a la jungla del
Aduanero Rousseau; de Ingres en el Louvre a los récords de Ron Mueck
en la Fundación Cartier (más de cien mil visitantes) y, sobre todo,
Melancolie en el Grand Palais (350.000)...
¿Melancolía? Así llamaba el siglo XIX la
depresión, ésa que obligó a Henri Cernuschi, economista
especializado en oro y plata, político sobre todo, a programar una
vuelta al mundo en 1873. Su depresión no tenía origen amoroso,
justamente, sino político. Patriota italiano, Cernuschi (1821-1896)
fue uno de los tres héroes que liberaron Milán, en 1848, de la
ocupación austríaca. Diputado de la efímera República Romana
(1848-1849), se exilia en Francia donde, gracias a la publicación de
un libro sobre los intercambios (Mécanismes de l’échange, 1865)
labra su reputación de economista. Consejero de inversionistas, su
participación en varios negocios le permite amasar una fortuna
–estimada en dos millones de francos en oro.
Para defender las ideas republicanas, esta vez
en Francia, compra el periódico Le Siècle. Refugiado por un tiempo
en Suiza, en cuanto el Imperio cae, Cernuschi vuelve a París y
asiste a la proclamación de la III República, el 4 de septiembre de
1870. El 5, el ministro del Interior le otorga la nacionalidad
francesa. Los dramáticos acontecimientos de la Comuna y sobre todo
la ejecución de Gustave Chaudet, su colaborador en Le Siècle, serían
los motivos de su terapéutica vuelta al mundo, acompañado por un
joven crítico de arte, Théodore Duret (1838-1927).
En Japón y en China compra unas cuatro mil obras, que serán el
núcleo de su colección. De regreso a París, el conjunto, excepcional
para la época, y en particular varios millares de bronces, será
exhibido durante un año. Mientras tanto, Cernuschi adquiere la
última parcela sin edificar de la flamante avenida dedicada a
Velázquez, junto al Parque Monceau. El conjunto artístico y la
mansión serían legados a la ciudad de París, que dos años después de
la muerte del mecenas inauguró –26 de octubre de 1898– el Museo que
lleva su nombre. Óscar Caballero visita en París las salas
del renovado centro y presenta sus piezas más importantes.
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