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Garo
Christo llegó a finales de los años cincuenta a París, escapando de
la situación dictatorial en la que se encontraba su país, para
comenzar a planear obras desconcertantes, obstrucciones de la
circulación urbana. Tras sus primeros embalajes de latas y bidones
metálicos, expuestos en su primera individual en la Galería Haro
Lauhus de Colonia en 1961, comenzó a mostrar una pasión frenética
por lo que sucedía o se podía hacer “afuera”, en la calle. En el
mismo año en el que debutó públicamente como artista, se construyó
el Muro de Berlín, una obra (pública) política que va a funcionar en
su mente como referente y contraste. De hecho, Christo proyectó
crear un muro temporal con barriles en la rue Visconti de París, una
cortina de hierro que, según declaró, podría ser usada como
barricada. También planteó en ese fecundo año Project for a Wrapped
Public Building. Christo escribió que este proyecto de embalar
edificios públicos puede ser realizado en : “I. Pabellones
deportivos con piscinas, campos de fútbol, estadios olímpicos o de
patinaje o de hockey sobre hielo. II. En una sala de conciertos,
planetario, sala de conferencias o un sitio experimental. III. Un
museo histórico o un museo de arte antiguo o moderno. IV. Un
Parlamento o una prisión”. En los muelles de Colonia va a montar
Dockside Packages (1961), obligando a contemplar las lonas
drapeadas, como los vestidos de las estatuas y, sobre todo, a
imaginar la mercancía allí debajo “escondida”. Finalmente, el 27
junio del 1962, sin permisos, hizo la pieza de la calle Visconti en
la que vivieron, entre otros, Racine, Delacroix y Balzac.
Las obras de Christo y su
compañera Jean-Claude implican la pintura, la escultura y la
arquitectura, el urbanismo y el arte ambiental. Fernando Castro
Flórez repasa en este número la trayectoria del polémico creador
y detalla sus mejores proyectos en estas cuatro décadas de trabajo.
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