|

Todo empezó en el
crepúsculo del día 4 de agosto de 1897, cuando por las calles de
Elche se extendió la noticia como un reguero de pólvora. En los
trabajos de abancalamiento de la cercana finca de La Alcudia ha
aparecido la imagen de una mujer hermosísima y ha sido trasladada a
casa del dueño de las tierras, don Manuel Campello y Antón.
Así narraba Pedro Ibarra
–erudito y cronista de la ciudad de Elche– el efecto que causó la
contemplación de la obra: “El despacho del ilustrado doctor era poco
a contener el gran número de amigos y conocidos que deseaban ver la
escultura. Creció al día siguiente el interés por conocer aquel
busto conservado tan perfectamente y esculpido con tanta maestría.
Las opiniones y los juicios se sucedían y multiplicaban. La fama del
descubrimiento llegó hasta los últimos límites de la población y
todos a una, hombres y mujeres, grandes y chicos, querían ver a la
reina mora. Ante aquella avalancha de visitantes, que no había medio
de contener, porque no lo permitía la amabilidad del dueño de la
casa, los criados adoptaron una suprema providencia que dio
felicísimos resultados: instalar la escultura en un balcón de la
fachada principal. Entonces, en pleno mediodía, bajo los ardientes
rayos de un sol africano, vióse grande y apretado grupo de gente que
atónitas admiraban desde mitad de la calle la soberbia
escultura...”.
Desde ese momento, la
Reina Mora no ha hecho más que atraer la atención tanto de
historiadores como de aficionados al arte antiguo. Un interés y
fascinación salpicados a menudo por la polémica y las disputas. El
regreso temporal de la Dama es el plato fuerte de un proyecto –De
Ilici a Elx. 2500 años de Historia de Elche–, en el que esta ciudad
pone en juego este mes de mayo todos sus recursos culturales, que
son muchos, y algunos, reconocidos Patrimonio de la Humanidad por la
UNESCO (el Palmeral y el Misteri d’Elx).
Descubrir el Arte dedica
su portada de mayo al regreso de la Dama a Elche. Jacobo Storch
de Gracia relata la historia del hallazgo de la escultura, su
rápida venta a Francia, y su regreso final; analiza al detalle las
características artísticas de la pieza: sus colores originales, la
interpretación de sus adornos…; e informa de los eventos que se han
organizado en torno a ella para conmemorar su vuelta a su ciudad.
En un segundo artículo,
Lorenzo Abad Casal escribe sobre las “otras Damas”: guerreros,
caballos y damas fueron las imágenes más representadas en la cultura
ibérica. Además de la Dama de Elche, se conservan numerosas
representaciones femeninas, algunas de gran calidad como la de Baza,
hallada en 1971.
|