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1506
no fue un año importante en la vida de Pieter Brueghel (o Bruegel,
como comenzó a firmar a partir de 1559) el Viejo; tampoco lo fue el
de 1606. No había nacido aún cuando terminó el primero de ellos, y
ya hacía mucho tiempo que había muerto antes de que comenzara el
segundo.
Sin embargo, y a
diferencia de lo que suele ser habitual en este tipo de magnas
celebraciones, a pesar de que en estas fechas no se conmemora el
centenario de ningún acontecimiento importante en la vida del
pintor, Bruselas, Gaasbeek, Tervuren y Meise se van a vestir de gala
durante la primavera y el verano de este año para rendir un
grandioso homenaje a su memoria con cuatro exposiciones y una serie
de conferencias, conciertos, evocaciones históricas, visitas
urbanas, paseos en bicicleta, excursiones por los alrededores de la
ciudad..., a través de las que no sólo se pretende lograr un
acercamiento a la figura de Bruegel, sino también a su época y a la
forma en que los artistas de su tiempo y del nuestro se han visto
influidos por él o han interpretado la peculiar visión que tuvo del
mundo.
Con motivo de las
retrospectivas organizadas, Miguel Morán Turina recuerda, a
partir de los escasos datos que conocemos con certeza de su vida, la
importancia de la obra y trayectoria del genial pintor, un hombre
enormemente culto e interesado por la alquimia, capaz, no sólo, de
reflejar como nadie la vida sencilla de los campesinos flamencos.
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