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Ciudades pintadas

En la espléndida venecia del siglo xviii, llena de fascinación y de misterio, meta predilecta del Grand Tour, nace Canaletto, uno de los pintores que mejor ha atrapado las perspectivas de una ciudad. Los grandes genios del arte han mantenido, desde hace siglos, una estrecha relación con la urbe donde han nacido o desarrollado su trabajo. Así, Vermeer, Bellotto y Antonio López, galardonado recientemente con el Premio Velázquez, han retratado magistralmente Delft, Varsovia y Madrid. Descubrir el Arte se adentra en las ciudades que la historia inmortalizó sobre el lienzo.

 

Ciudades pintadasDesbordado por la multiplicidad de los hechos y por su diversidad, el espíritu tiene necesidad de categorías y clasificaciones. Evita así el riesgo de perderse en lo ilimitado e impreciso que, al desvirtuarlo y reducirlo eliminando su sustancia básica, lo harían desaparecer. El resultado es la inclinación del estudioso o del docente a la sistematización de lo conocido en grupos comprensibles o en conjuntos didácticamente válidos, todo en aras de expresar conceptos fáciles de retener y de encauzar la sucesión de principios y formas para impedir, de alguna manera, las heterodoxias evanescentes; supone en suma establecer las fronteras de la inspiración y obligarla a someterse, doblegando sus ansias de independencia y disciplinando su entidad. Así, una idea o una palabra sirven inmediatamente para fijar, aunque sea con ligero abocetamiento, un ambiente colectivo constituido por sólidas individualidades.

Tal es el caso de los “ismos” de las dos últimas centurias que, al mismo tiempo y contradictoriamente, fueron surgiendo desde comienzos del siglo XIX con etiquetas por escuelas, o con subdivisiones por tendencias, tomando progresiva carta de naturaleza en contraste radical; a menudo, cada una de estas combinaciones de autores y métodos, elementos renovadores y fórmulas interpretativas, nacía con un violento ánimo de combatir a la que le había precedido. Tan singular concatenación de movimientos se fue acelerando hasta transformar la Historia del Arte en una especie de damero en el que maniobraban, se enfrentaban y luchaban cúmulos estéticos aparentemente distintos que procuraban imponerse en la escena creativa excluyendo a los restantes, e incluso eliminándolos.

En medio de tan complejo panorama, determinado por horizontes cambiantes, un tipo especial de expresiones artísticas ha pasado por numerosas vicisitudes, sufriendo avatares que no han conseguido erosionar su inconsútil energía interna ni su evidente vigencia secular, que en las postreras décadas del siglo XX le han permitido mostrarse bajo dispares aspectos y en dominios complementarios. Se trata de las visiones, en términos por lo general realistas, del paisajismo urbano, que a lo largo de milenios ha sido apreciado, ensalzado o desdeñado y también denostado, admirado o preterido, de acuerdo con el signo de las épocas; lo curioso es que a pesar de sus dificultades para ser tenido en cuenta como arte grande se ha mantenido siempre permanente, en razón de sus principios y de la necesidad de su existencia con espectaculares afloramientos y brillante desarrollo, con frecuencia inesperados, por oposición a la pretensión de determinados movimientos o críticas empeñados en diluirlo, llevados por una ciega iconoclastia de cortas luces que el tiempo se ha encargado de desmentir.

Agosto es tiempo de viajes y vacaciones, y por ello en este número publicamos un amplio informe sobre cuatro ciudades inmortalizadas por los pinceles de otros tantos artistas: Delft (Vermeer), Venecia (Canaletto), Varsovia (Bellotto) y Madrid (Antonio López). Hoy sería imposible imaginar, por ejemplo, una Venecia sin Canaletto o una ciudad de Delft sin Vermeer. Es más: quien no las haya visitado jamás tenderá siempre a verlas (¿o soñarlas?) con los ojos de “sus” pintores. J.J. Luna explica la evolución de los dos mil años de paisajismo urbano en el arte y analiza la figura de Bernardo Bellotto, que inmortalizó Varsovia en 57 lienzos. Alejandro Vergara Sharp visita el Delft de Vermeer. Miguel Morán Turina descubre la Venecia de Canaletto. Y Paloma Esteban presenta la imagen más reciente de Madrid, ligada indisolublemente al pincel de Antonio López.





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