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Un prodigio recuperado
Entre los días 15 y 24 de septiembre, la Bienal de los
Anticuarios de Francia regresa al Grand Palais de París. Fue
de la mano de André Malraux, como ministro de Cultura, cuando
en este lugar se celebró, en 1962, el primero de estos
encuentros, que se mantuvieron a lo largo de treinta años.
Luego, condicionantes técnicos ahora solventados obligaron a
su temporal traslado al Carrousel del Louvre.
En su XXIII edición, la Bienal de los
Anticuarios de Francia vuelve a desplegar todo su brillo en aquel
primer soberbio escenario. Erigido a partir de 1897 por los
arquitectos Deglane, Louvet, Thomas y Girault para albergar la
Exposición Universal de 1900, fue el Grand Palais, en los frondosos
inicios de los Campos Elíseos, una de las más expresivas
representaciones del espíritu de la Belle Époque, definido por
aquella satisfecha burguesía que dominaba los países más avanzados,
animada por la idea del progreso en todos los órdenes y tan dada a
mostrar profusamente todo su poderío material por medio de suntuosos
fastos externos. José María Solé ofrece en este número todos
los detalles del acontecimiento.
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