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El
edificio de Torres Blancas en la Avenida de América de Madrid fue la
primera torre del arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza. Se
considera la obra más lograda de su autor, que proponía en ella una
síntesis de racionalismo y organicismo, capaz de modificar el debate
arquitectónico de finales de los años 60.
Torres Blancas también fue un experimento, una
propuesta original propiciada por un cliente, cuyo protagonismo en
la cultura de los años 60 resultó decisivo en el apoyo a la
vanguardia. Oiza quiso hacer un edificio de viviendas singular, muy
alto, que creciera orgánicamente, como un árbol o como un conjunto
arbóreo, recorrido verticalmente por escaleras, ascensores e
instalaciones, como si fueran venas o vasos leñosos que unían las
viviendas con el suelo. El proyecto es de 1961, y las obras se
prolongaron desde 1964 hasta 1969.
Por aquel entonces, realizaba sus estudios de
arquitectura un joven que no llegaría a ejercer la disciplina, pero
se acabaría convirtiendo en un dibujante extraordinario: Rodrigo.
Sáenz de Oiza, nacido en 1919 en Cáseda (Navarra) y fallecido en
Madrid el 18 de julio de 2000, fue catedrático suyo al final de la
carrera y ejerció una influencia decisiva en su trayectoria. “No
puedo olvidar”, escribe en este número en “Descubrir el Arte” el
dibujante, “cuando hablaba en el Salón de Actos, su brillantez, su
humanidad, su genialidad. Algunos le tachaban de cierta soberbia,
pero se lo podía permitir; eso y diez veces más. Era asombroso, cada
palabra suya era alimento para muchos años”.
Tres décadas después de aquel encuentro, el
creador de “Manuel” rinde un homenaje en exclusiva al arquitecto en
las páginas de “Descubrir el Arte”, interpretando tres de los
proyectos más famosos del genio fallecido hace seis años. Junto a
Torres Blancas, el Rascacielos del BBVA y el Ruedo de la M-30.
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