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Impreso en la piel

 

Todavía no está en el diccionario, pero no le faltará mucho tiempo. Customizar es una de las palabras clave –y no sólo en el mundo del diseño– de este principio de siglo. La exclusividad es el nuevo lujo en tiempos en que el género de tendencias se consume amplia y ávidamente y se democratiza, incluso a costa de lo legal: si algo no se puede conseguir se copia. Loewe, la emblemática empresa española dedicada al trabajo de la piel, sabe mucho de ambas cosas, tanto de exclusividad como de copias ilegales de sus productos. Y ahora, ciento sesenta años después de la apertura de su primer taller en Madrid, en la calle Echegaray, iza también la bandera de la customización.

Con motivo de su aniversario, la casa ha puesto en marcha una serie de iniciativas que suponen una nueva vuelta de tuerca a su particular apuesta por el diseño en sus creaciones. Entre ellas, el lanzamiento de una colección de nueve pins con los que personalizar desde los bolsos hasta las alpargatas, que también las hay en sus colecciones. Las chapitas proponen un viaje a través del tiempo de la marca, un trayecto de ida y vuelta que usa como billete la evolución de su imagen gráfica. Leila Crewn cuenta en este número cómo de la unión, hace ciento sesenta años, del alemán Enrique Loewe con los artesanos madrileños que producían monederos y petacas desde hacía décadas, nacería una potente empresa que hoy simboliza el lujo y refinamiento máximos. En un segundo artículo, la periodista reseña una exposición en la Fundación Pedro Barrié de la Maza de Vigo que recorre la evolución del diseño escandinavo y cuestiona algunos de los estereotipos que se asimilan a él.






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