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La libertad guiando al pueblo
A primera vista, la imagen global de
esta obra nos remite a las precedentes de su mismo autor
(“Dante y Ovidio”, “Quíos”), a Géricault, a Gros. Es decir, a
las imágenes épicas, con altas dosis de dramatismo y muerte,
expresada esta última en los planos más próximos a través de
la acumulación de personajes moribundos o cadáveres. Como en
“La Balsa de la Medusa”, hay una composición piramidal
ascendente, que en el caso de “La Libertad...” casi sobrepasa
los límites del marco –de hecho, la bandera sí lo hace–,
poniendo en evidencia su pujante avance, su papel de sólido
guión al que siguen ciegamente los protagonistas del
alzamiento.
Hoy, “La libertad guiando al pueblo” es
una de las obras de arte más famosas de todos los tiempos. Un
símbolo de toda una época. Javier Hernando, catedrático
de Historia del Arte, escribe en este número sobre la obra
maestra de Delacroix, una simple crónica de un acontecimiento
de la Revolución de 1830 que se ha convertido en la máxima
exaltación de la libertad.
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