|
Visto
desde fuera, el estudio de Juan de Dios Hernández y Jesús Rey
–“Taller de maquetas”, reza una placa en la puerta– es como una de
sus creaciones. La luz de los fluorescentes se escurre lentamente a
través de los dos gigantescos murales de cristal que cubren su
fachada, en los bajos de un edificio de viviendas de Madrid, como
los haces de luz fría que desprenden los huecos de algunas de sus
obras. Dos ventanas entreabiertas dejan escapar de vez en cuando el
disparo de una pistola de aire comprimido utilizada para espantar
las virutas.
Toda una vida llevan Juan de Dios (Badajoz,
1947) y Jesús (Casar de Cáceres, 1941) trabajando juntos. Se
conocieron en Madrid, a finales de la década de los sesenta, y en
1973 se asociaron para abrir el taller de maquetas en el que hoy
continúan. Son –no lo dicen ellos, sino los arquitectos que les
encargan la reproducción o recreación de sus proyectos– los mejores
en su profesión. Herederos de una centenaria tradición que alcanzó
una importancia capital en el Quattrocento, con su revolución
arquitectónica. Maquetas de edificios ya se hacían en el Antiguo
Egipto, sobre todo de elementos del ajuar funerario. Pero no sería
hasta la llegada de Brunelleschi, Buonarroti, los Sangallo y otros,
cuando el género alcanzara su madurez.
Hoy no existe proyecto arquitectónico sin
maqueta. O al revés. Sobre todo en las manos de Juan de Dios y
Jesús, que no se limitan a reproducir fielmente a una escala
inferior los encargos que reciben, sino que dotan a cada uno de
ellos de una personalidad y unas características únicas, un alma
propia que trasciende más allá de cada trabajo. Esto tampoco lo
piensan ellos, sino creadores como Rafael Moneo, Juan Navarro
Baldeweg, César Portela, Patxi Mangado, Mariano Bayón, Juan Pablo
Rodríguez Frade (ver recuadro en página 74), Álvaro Siza y Zaha
Hadid, algunos de los arquitectos con los que han colaborado.
Ingenieros como Carlos Fernández Casado, Apia XXI y artistas como
Manolo Valdés y Esther Pizarro, con los que también han trabajado
estrechamente. Todos destacan el rigor, el conocimiento de la
disciplina y la pericia de ambos. Óscar Medel visita en este
número su estudio y dialoga con ellos y el arquitecto Juan Pablo
Rodríguez Frade ensalza su labor en este número.
|