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El último Miró, quietud y violencia

Después de que la historia haya rehabilitado la última obra de Goya o Picasso, ahora le toca el turno a la de Miró. Barcelona revisa un período en el que el artista experimenta sin límites, con pasión.

 

El último Miró, quietud y violenciaEl arte contemporáneo se nutre de paradigmas románticos y contradicciones sumas, pues lo contemplamos desde una perspectiva de progreso, de avances hacia un infinito en perpetua revolución. Y una de las mayores consecuencias de esta visión es que se sobrevaloran la juventud, la novedad y la aportación como superación y se devalúan el oficio, la continuidad y el arte como valor en sí mismo, fuera de cualquier escala evolutiva. Las víctimas colaterales: todo artista que supere los cuarenta años, por no hablar de los mayores de sesenta, “viejos chochos” que malviven de una juventud otrora gloriosa...

Ha costado rehabilitar al último Goya, todavía estamos en ello con Picasso, tardaremos mucho en hacerlo con Dalí, por no hablar del último Tàpies, todavía en activo y en proceso quizá de dar lo mejor de su obra.

Ahora le toca a Miró, y su fundación homónima le dedica una merecida exposición bajo el título Joan Miró, 1956-1983. Sentimiento, emoción, gesto; con el que evoca al “último Miró”. Ricard Mas Peinado presenta en este número los detalles de la muestra y recuerda los últimos años de vida y obra del pintor.






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