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La
prolongada pasión a larga distancia que han sentido y sienten los
húngaros por una España de la que les separa toda la extensión del
continente queda demostrada en el Museo de Bellas Artes de Budapest
de la forma más espléndida.
Caminos variados, conocidos o ignotos, han hecho posible a lo largo
de los años que este mantenido interés fructificase. Generosos y
altruistas donantes, avispados comerciantes y personas interesadas
en inscribir su nombre para la posteridad han sido efectivos
ejecutores de ello.
Hoy, en la bella y grata capital de Hungría, la visita al Museo de
Bellas Artes, que guarda sus tesoros tras la grandilocuente fachada
clásica que domina la plaza de los Héroes, ofrece así al degustador
del arte hispano un más que suculento repertorio de disfrute
estético. Es el deslumbrante resultado de una fructífera pasión
nacida y mantenida a larga distancia.
José María Solé visita en este número sus salas y presenta
sus piezas de arte español más importantes.
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