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La herencia de Els Quatre Gats
OIntentaron desanimarles de antemano:
“Seréis cuatro gatos”, les decían. Pero ellos optaron por
bautizar precisamente con ese nombre su local: Els Quatre Gats.
Apenas sobrevivieron seis años, de 1897 a 1903. Fueron hostal,
“madriguera” –según sus propias palabras–, museo, taberna y
lugar de amistad. Sus paredes, cubiertas de cuadros, cerámicas
y objetos diversos acogieron temporalmente la obra de Darío de
Regoyos, unos jovencísimos Ramón Pichot e Isidre Nonell... y,
en 1900, de un todavía adolescente Pablo Picasso, que a punto
estaba de marcharse a París y que ya había obtenido una
mención de honor en la Exposición General de Bellas Artes de
Madrid, en 1897, con tan sólo dieciséis años, por su óleo
Ciencia y caridad. Este mes de noviembre, el fenómeno que
supuso Els Quatre Gats se recuerda en las casas de subastas
internacionales por partida doble. Sotheby’s, en Londres,
donde el 15 de noviembre celebra su venta anual de pintura
española, 1850-1930. Christie’s, en Nueva York, donde el día 8
pone a la venta su mayor colección de arte moderno e
impresionista. Por Óscar Medel.
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