|
Con marca de Fábrica
Cuando
los principales historiadores de finales del siglo XIX,
encabezados por José Gestoso, denunciaban la situación
desastrosa por la que había atravesado la industria cerámica
sevillana (incluida lógicamente la de Triana), no se referían
realmente a que hubieran desaparecido todos los alfares y
talleres, o a que hubieran dejado de producir, sino a que
hubieran desembocado en lo que ellos consideraban como
producciones erráticas y absurdas. Y lo eran, no porque no
tuvieran aceptación, que al parecer sí que la tenían y en
bastante grado –incluso y, sobre todo, por parte de los
extranjeros que visitaban la ciudad–, sino porque no
respondían a un modelo estético culto, un modelo acorde con lo
que desde hacía un tiempo estaba gestionándose en el resto de
Europa, sobre todo en Inglaterra y Francia: el de la
recuperación de la imagen del pasado considerada más
floreciente, con la que establecer unas señas de identidad
nacional. Antonio Perla relata en este número cómo,
desde finales del siglo XIX, la azulejería sevillana
experimentó un nuevo auge gracias a la producción industrial
impulsada por compañías que competían buscando modelos en la
antigua tradición islámica y de los artesanos trianeros.
|