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La vida de David Hockney es, por encima
de todo, sorprendente. Cuando se aburre de Bridlington (aunque él
insiste en que esto es casi imposible), pide un barco a Hull y
zarpan para Alemania, donde Hockney se dedica a gozar de los baños
de Baden-Baden. En una reciente visita fue al museo de arte de la
ciudad y estuvo explicando a sus acompañantes obras de algunos
artistas a los que respeta, como Gerhard Richter y Sigmar Polek. De
todos modos, eran cuadros interesantes y encontraba cosas que
elogiar. Y entonces llegaron a un hilera de seis picassos de la
última época. Hockney se quedó sin habla y luego dijo: “Esto es arte
hecho con la mano, los ojos y el corazón”.
Picasso había sido el héroe artístico de
Hockney desde la década de 1960. “Creo que Picasso fue, sin duda, el
retratista más grande del siglo XX, y quizá de todos los siglos”.
Hockney nunca se ha considerado un retratista –aunque,
evidentemente, ha pintado muchos retratos– hasta esta nueva
exposición que ahora le dedica la National Portrait Gallery, a la
que Descubrir el Arte dedica su portada de diciembre. La muestra
capta algo fundamental de su mejor producción, su inmediatez, propia
de un diario. Amor y amistad –y pérdida– son lo que se ve en estas
pinturas. Como él reconoce, muchas de esas personas ya no están
aquí.
Para hacer buenos retratos, según dice Hockney,
“lo que hace falta es tener interés por las personas”. En su libro
“Conocimiento secreto”, afirma que Ingres, e incluso Holbein,
tuvieron que valerse de algún tipo de cámara primitiva para
registrar los rostros con hipnótico realismo, pero cree que en el
arte más excelso –para él, Picasso y Rembrandt– hay humanidad debajo
de las apariencias. Los retratos de Picasso “nos hablan de las
personas. Él ha mirado a esas personas, y todas tienen algo que las
diferencia de todas las demás”. El estilo cubista no excluye la
intimidad, sino que la aumenta; Picasso es capaz de mostrarnos
quiénes son en realidad. De la misma manera, la interioridad de Van
Gogh está en un nivel distinto al de la exterioridad de Sargent.
“Hay pintores muy buenos que no son necesariamente retratistas;
Richard Diebenkorn pintaba la figura de una manera muy interesante,
pero lo que hacía no eran exactamente retratos. No se preocupaba
demasiado por la psicología del retrato”. |