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David Hockney, secretos al descubierto

Fue el rubio teñido que electrizó el mundo del arte, siempre rompiendo moldes. Hoy, a punto de cumplir setenta años, sigue clamando contra la autoridad y corriendo riesgos. La National Portrait Gallery de Londres le rinde homenaje.

 

David Hockney, secretos al descubierto

La vida de David Hockney es, por encima de todo, sorprendente. Cuando se aburre de Bridlington (aunque él insiste en que esto es casi imposible), pide un barco a Hull y zarpan para Alemania, donde Hockney se dedica a gozar de los baños de Baden-Baden. En una reciente visita fue al museo de arte de la ciudad y estuvo explicando a sus acompañantes obras de algunos artistas a los que respeta, como Gerhard Richter y Sigmar Polek. De todos modos, eran cuadros interesantes y encontraba cosas que elogiar. Y entonces llegaron a un hilera de seis picassos de la última época. Hockney se quedó sin habla y luego dijo: “Esto es arte hecho con la mano, los ojos y el corazón”.

Picasso había sido el héroe artístico de Hockney desde la década de 1960. “Creo que Picasso fue, sin duda, el retratista más grande del siglo XX, y quizá de todos los siglos”. Hockney nunca se ha considerado un retratista –aunque, evidentemente, ha pintado muchos retratos– hasta esta nueva exposición que ahora le dedica la National Portrait Gallery, a la que Descubrir el Arte dedica su portada de diciembre. La muestra capta algo fundamental de su mejor producción, su inmediatez, propia de un diario. Amor y amistad –y pérdida– son lo que se ve en estas pinturas. Como él reconoce, muchas de esas personas ya no están aquí.

Para hacer buenos retratos, según dice Hockney, “lo que hace falta es tener interés por las personas”. En su libro “Conocimiento secreto”, afirma que Ingres, e incluso Holbein, tuvieron que valerse de algún tipo de cámara primitiva para registrar los rostros con hipnótico realismo, pero cree que en el arte más excelso –para él, Picasso y Rembrandt– hay humanidad debajo de las apariencias. Los retratos de Picasso “nos hablan de las personas. Él ha mirado a esas personas, y todas tienen algo que las diferencia de todas las demás”. El estilo cubista no excluye la intimidad, sino que la aumenta; Picasso es capaz de mostrarnos quiénes son en realidad. De la misma manera, la interioridad de Van Gogh está en un nivel distinto al de la exterioridad de Sargent. “Hay pintores muy buenos que no son necesariamente retratistas; Richard Diebenkorn pintaba la figura de una manera muy interesante, pero lo que hacía no eran exactamente retratos. No se preocupaba demasiado por la psicología del retrato”.





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