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Uno de los artistas españoles de mayor
prestigio internacional en su tiempo, Hermen Anglada Camarasa
(Barcelona, 1871-Port de Pollença, 1959) fue lo que podríamos llamar
un hombre de mundo. También, una figura compleja, a la que se puede
acceder a través de los diversos territorios que él mismo exploró y
disfrutó, y que son precisamente los que ahora analiza esta nueva
exposición que le dedica en Barcelona la Fundación la Caixa,
coincidiendo, curiosamente, con la reciente y espectacular alza de
la cotización de sus obras en el mercado del arte.
Su comisario es Francesc Fontbona, responsable,
no hace muchos años, de la gran antológica celebrada en las Salas de
la Fundación Mapfre de Madrid, que vino a recuperar la figura de
este artista después de décadas de memoria muy difusa. Pero lo que
en esta ocasión propone es algo diferente: no se trata sólo de
ofrecer al público una selección de las obras de Anglada, sino de
reconstruir el entorno cultural que las hizo posible y en el que se
explican.
Así, por ejemplo, este recorrido muestra su
obra junto a la de sus maestros y contemporáneos y también propone
un paseo por los paisajes que él frecuentó, desde el París nocturno
del cambio de siglo hasta la costa balear. Junto a aquellos
escenarios, en esta muestra ocupa un lugar especial otro paisaje que
le fue mucho más próximo: el de su propio taller, en el que guardaba
objetos de diversas clases que, en muchos casos, llegaron a ser una
importante fuente de inspiración para sus composiciones.
Desde hace años, la Fundación la Caixa se había
convertido en un centro de referencia clave para el estudio de la
obra de este artista. En 1988, adquirió a los herederos del pintor
un importante fondo que incluía no sólo un conjunto de pinturas y
dibujos, sino también la colección personal de objetos y obras de
arte que había reunido a lo largo de su vida, transcurrida entre
Cataluña, París y Mallorca, fundamentalmente.
Con este fondo se creó un espacio expositivo en
el edificio del Antiguo Gran Hotel, un edificio modernista situado
en el centro de Palma de Mallorca que se convirtió en lugar de
referencia obligada para los estudiosos, tanto de la obra de Anglada
como de la pintura modernista. Ahora, con esta muestra que se
presenta en Barcelona y luego irá a Mallorca, la institución
pretende dar un paso más en el conocimiento de un artista peculiar y
escurridizo por muchos motivos. María Dolores Jiménez Blanco
repasa en este número los detalles de la muestra y la personalidad
de un pintor que ha roto recientemente sus límites en el mercado de
subastas de arte.
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