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El término biedermeier nació de una manera un tanto atípica,
algo confusa, y las características y el alcance del estilo
que acabó designando también padecieron durante largo tiempo
la misma indefinición. Gottlieb Biedermeier fue el seudónimo
elegido hacia 1850, por dos periodistas del semanal muniqués
Fliegende Blätter (Hojas volantes) para firmar poemas y
sencillas reflexiones sobre la vida diaria con una clara
intención satírica. Parece que la ironía del imaginario
pequeño burgués Biedermeier no se entendió bien y sus
crónicas, despojadas de toda sátira, fueron un completo éxito.
Hasta el punto de comenzar a llamar así, biedermeier, a todo
aquello que pudiera incluirse en una de las apacibles escenas
domésticas que describía la publicación. El Museo Albertina
recupera ahora con una exposición un concepto que revolucionó
el mobiliario de la época. Por Leila Crewn.
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