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Todos somos hijos del surrealismo. Da igual que
nos delatemos legos en esta histórica corriente del arte de
vanguardia. Sólo hay que encender el televisor y ver los anuncios,
jugar a un videojuego, desencadenar una tarde de compras compulsivas
o simplemente descolgar nuestro teléfono-hamburguesa.
Para demostrarlo, el Victoria and Albert Museum
de Londres presenta una extensa muestra bajo el título Surreal
Things: surrealism and design, en la que podemos descender a las
raíces antológicas de un grupúsculo, casi una secta de
intelectuales, que en las décadas de los veinte y los treinta del
pasado siglo devolvieron del cuarto oscuro una serie de corrientes
culturales arrinconadas por el siglo de las luces. Nombres que hoy
conforman el canon del arte contemporáneo, como Dalí, Max Ernst,
Magritte, Meret Oppenheim, Jean Arp, Joan Miró o Giorgio de Chirico
desvelarán el secreto de la popularización de un nuevo concepto de
belleza oculto en las zonas más recónditas del alma humana.
“Surreal Things” explora por primera vez –según
la comisaria de la exposición, Ghislaine Wood–, “las influencias del
surrealismo en el mundo del diseño: del teatro a la escenografía, de
la moda al cine, de la arquitectura a la publicidad”. A través de
más de 300 obras, se muestra por ejemplo cómo artistas como Dalí se
interesan por el diseño y cómo tantos otros diseñadores fueron
inspirados por el surrealismo, sacando a la luz la tensión creada
con la comercialización –banalización, opinarían algunos puristas–
de la estética surrealista. Por Ricard Mas Peinado.
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