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Santiago Calatrava, una estrella con luz propia

La figura de Calatrava ha conseguido un espacio propio en la historia de la arquitectura que salta entre dos milenios. Sus obras son identificables y singulares, y la escala de su ambición es paralela a la de sus clientes, que buscan una identidad destacada en la aldea global. Su caso es similar al de su colega Frank Gehry, con quien comparte una misma capacidad de unir artes plásticas con arquitectura. “El arquitecto dirige una orquesta que toca su propia partitura”, afirma en una entrevista exclusiva

 

Santiago Calatrava, una estrella con luz propiaSantiago Calatrava es diferente. No es un arquitecto que haga cosas distintas, es que su relación con la creación y con el proyecto circula por caminos propios, que miran mucho más atrás del Movimiento Moderno, hunden sus raíces en la ambiciosa aventura constructiva del Gótico y en el humanismo renacentista que puso al hombre como medida de todas las cosas. Si analizamos su método de trabajo, habría que buscar sus referentes más cercanos en el talento constructivo y la libertad formal de Gaudí, y en el genio estructural de las nuevas formas de Félix Candela. Aunque su trayectoria es incomparable, por la rapidez con que ha conseguido el prestigio internacional.

Heterodoxo por naturaleza, Calatrava inició su propio camino al margen del debate arquitectónico de su tiempo. Ensimismado en su propia tarea heroica de integrar en una misma producción sus intereses y habilidades como arquitecto, ingeniero y artista plástico, el éxito ha respaldado su trabajo, llevándole a escribir una historia que él mismo ha calificado como “una sucesión de milagros”.

arquitecto planetario

Entre los milagros efectivos están los concursos ganados, los monumentales edificios construidos, la extraordinaria popularidad y la admiración internacional que se ha reflejado en numerosos premios concedidos en todo el planeta por su aportación a la arquitectura en las últimas décadas. Ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1999, sólo le faltaba por conquistar el reconocimiento de sus colegas españoles, que siempre han manifestado una terca reticencia hacia el verdadero valor de su arquitectura. La reciente concesión del Premio Nacional de Arquitectura viene a reducir esta distancia, cuyas razones hay que buscar más allá de las que dicta el gusto.

Enrique Domínguez Uceta presenta en este número la obra y trayectoria de Calatrava y Arturo Arnalte entrevista al último Premio Nacional de Arquitectura, quien afirma, entre otras cosas, que “el arquitecto dirige una orquesta que toca su propia partitura”.





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