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El pop art es el registro más intenso de
consolidación de un sistema cultural de comunicación masiva. Se
caracterizó por la acumulación de varios lenguajes, por la oposición
y alteración de las imágenes con respecto a su contexto, por el uso
de la parodia, por la supresión de los elementos representados, por
la condensación, fragmentación y seriación y por la tendencia a la
omisión total del sujeto. La postura pop originaria no fue crítica,
en sentido estricto, con la sociedad, aunque, en general, presenta
el orden existente en las sociedades del capitalismo tardío sin
excesivo entusiasmo. Fue una mirada no enjuiciadora que transformó
las viejas maneras de mirar y de enjuiciar.
El Instituto Valenciano de Arte Moderno
continúa con su lúcida y rigurosa revisión de los fondos de la
colección, ocupándose en este caso de las obras que tienen que ver
con el arte pop. William Jeffet y Consuelo Císcar han seleccionado
obras de Richard Hamilton, James Rosenquist, Claes Oldenburg y, por
supuesto, del Equipo Crónica, el Equipo Realidad y Arroyo. A lo
largo de su historia, esta institución ha realizado importantísimas
revisiones de artistas cruciales del pop, dada la repercusión que
esta estética tuvo sobre los creadores valencianos. Pero no se trata
de una mera reconstrucción arqueológica sino que prolonga la
atmósfera pop hasta dominios pictóricos como la Figuración
narrativa, en la que destacan Aillaud, Arroyo, Télémaque o Adami, y
se proyecta hasta planteamientos posmodernos como los de Cindy
Sherman, atravesando por supuesto la retórica conceptual de un
artista crucial como Baldassari.
En buena medida, esta nueva muestra, que se
exhibe hasta el 27 de mayo, permite reconsiderar al pop como la
matriz de la que derivan las prácticas creativas contemporáneas
rompiendo con la perspectiva del mandarinato sin caer por ello en
una ingenua dimensión “integrada”. Por Fernando Castro Flórez.
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