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La mitad del botín
¿Cuál fue el último pensamiento de
Jacques Goudstikker? Hacinado en la bodega del barco holandés
SS Bodegraven, la noche del 15 de mayo de 1940, quizá
recordara el paisaje Barcaza con ganado en el río Vecht cerca
de Nijenrode, de Salomon van Ruysdael, una de las joyas de su
colección de arte que apresuradamente se ha visto obligado a
dejar atrás. El ejército alemán ha invadido Holanda y
Goudstikker, judío, junto a su mujer Desi y su hijo Edo,
abandona el país. Inglaterra niega al barco la entrada en sus
aguas y éste prosigue su rumbo hacia Estados Unidos. En peores
condiciones que una de las reses inmortalizadas por el pintor
holandés –con sus delicados reflejos sobre el agua–
Goudstikker necesita aire fresco y, pese a haber recibido
órdenes de no abandonar la bodega, sale a cubierta. Al
regresar, equivoca la puerta, se escurre de la barandilla y
cae al suelo, rompiéndose el cuello.
Pocos días después, Hermann Goering se presenta a las puertas
de la compañía de Goudstikker en Amsterdam. Alois Miedl,
banquero alemán afincado en Holanda, se ha apropiado de la
galería de arte y el mariscal le conmina a venderle la
totalidad de las pinturas de Goudstikker a un tercio de su
valor. Miedl, casado con una judía y necesitado de la
protección de uno de los hombres fuertes de Hitler, acepta y
Goering se lleva consigo setecientos ochenta cuadros de los
grandes maestros europeos, para su colección particular y el
Museo del Reich, y vende al propio Miedl las obras
impresionistas, expresionistas y cubistas que detesta. Este
mes, Christie’s pone a la venta un centenar de cuadros de
grandes maestros de la Colección de Jacques Goudstikker,
incautada por los nazis y devuelta en parte a los herederos
del marchante judío el pasado año. Por Óscar Medel.
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