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La
arquitectura del último tercio del siglo XX no puede entenderse sin
el trabajo de Álvaro Siza, un artista discreto y silencioso que ha
extendido el perfume de su obra de manera imparable. Cuando muchas
ciudades intentan atraer la atención encargando edificios a los
arquitectos estrella, tener un “siza” es prueba de un talante
exquisito que busca una calidad sin aspavientos. A pesar de haber
trabajado exclusivamente en Portugal hasta 1979, tras los éxitos
logrados en Holanda y Alemania en los años ochenta, realizó
proyectos en toda Europa, en California, Argentina, Brasil, y
recientemente en Corea, que destacan por su adaptación al entorno y
a la topografía del lugar, creando cuerpos y espacios que se adaptan
a la silueta y al territorio.
Álvaro Siza es autor de piezas de muy
diferentes escalas, desde grandes edificios, como la Facultad de
Arquitectura y la Fundación Serralves de Oporto, el bloque de la
Schlesisches Tor en Berlín, el Museo Gallego de Arte Contemporáneo
en Santiago, el edificio para Vitra y la reciente Fundación Iberê
Camargo en Brasil, hasta la descomunal reconstrucción del Chiado de
Lisboa, destruido por un incendio. Pero también mima las pequeñas
casas particulares, la cocina para su abuela, que fue su primera
obra, la iglesia de Marco de Canavezes o el Pabellón Serpentine.
Trabajando siempre con la manos, esculpe figuras escuetas como El
navegante, traza planos de edificios y dibuja muebles y objetos
cotidianos, como su famoso flexo.
En los últimos años, la presencia del
arquitecto portugués se encuentra en muchos lugares de España,
participando en proyectos tan relevantes como el auditorio al aire
libre de la Cantera de Olleta en Cáceres, la manzana del Revellín de
Ceuta, el edificio Zaída de Granada, y en otros tan comprometidos
como la remodelación del Paseo del Prado de Madrid y el Hospital de
Toledo, cuya finalización está prevista para el año 2010.
Mercedes Peláez presenta en este número
la trayectoria y legado del arquitecto luso y Julio Quaresma
entrevista a Siza, quien reflexiona sobre la controversia surgida en
torno al proyecto de remodelación del Paseo del Prado y habla de la
controversia surgida en torno a éste y otros de sus trabajos,
producto del “desfase entre la arquitectura y el público”, a su
juicio: “No hay proyecto mío que no haya levantado polémica”.
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