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Revisión de las formas del pasado, predicción de las
futuribles, materiales de última generación… Apenas hace un
par de semanas, el 23 de abril, se clausuraba en Milán I
Saloni 2007, la feria del mueble más importante del planeta,
en la que se decide prácticamente todo lo referente al diseño
para los próximos doce meses. Pero todo lo que afecta a un
reducidísimo porcentaje del mapa y de la población mundial,
ese poco más de un 10%, para el que trabaja la inmensa mayoría
de los diseñadores profesionales. El 90% restante, los 5.800
millones de personas de los 6.500 que aproximadamente pueblan
la tierra en la actualidad, no existe: no son consumidores. Y,
sin embargo, para ese gran porcentaje para el que el
minimalismo no es más que la obviedad de vivir con lo mínimo y
las teorías arquitectónicas se derrumban ante la necesidad de
beber agua, también hay diseños y diseñadores empeñados en
hacer la vida más fácil, tal y como sucede en el primer mundo,
sólo que a otra escala: no se trata de no quemarse con el
horno, sino de poder cocinar. La exposición Diseño para el
otro 90% en el Cooper Hewitt, el museo del diseño de Nueva
York, enseña, desde el corazón del mundo desarrollado, una
treintena de productos que intentan mejorar las condiciones de
vida en los países más pobres. Por Amparo Roig.
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