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Cerca
de 90.000 personas visitan al año la Casa Museo Sorolla, que celebra
ahora sus setenta y cinco años de existencia. En realidad, estar
allí se convierte en una intensa experiencia, donde se acaban
fundiendo las impresiones que ofrecen estímulos muy variados.
La magnífica entrada, con tres zonas de jardín consecutivas, nos
avisa de que estamos entrando en un lugar excepcional, donde algunos
carteles indican que muchas de las especies vegetales fueron
plantadas, hace casi un siglo, por el mismo pintor valenciano, y
donde las esculturas clasicistas y las innegablemente modernas
jalonan la mirada hacia el interior de esos jardines, mientras que
pequeños estanques y fuentes llenan de sonidos musicales el aire de
un lugar que, por increíble que parezca, está emplazado a escasos
metros de la calle, ruidosa y caótica siempre.
Instalado en Madrid desde 1899, después de haber trasladado su
estudio varias veces, hacia 1903 recala en la calle Miguel Ángel y,
dos años más tarde, en 1905, compra un solar cercano, el mismo en el
que hoy está la Casa. En una fecha indeterminada de 1909, como
consecuencia de su impresionante éxito en la Hispanic Society de
Nueva York, en una individual que vieron cerca de 150.000 personas,
los beneficios económicos de los retratos por encargo que realizaría
desde entonces le permiten iniciar las obras de construcción del
edificio, que está concluido a finales de 1911. Javier Pérez
Segura visita en este número las salas del centro y presenta sus
colecciones.
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